lunes, 4 de enero de 2021

Comentando los libros que estoy leyendo. Hoy: "La traición" de Jorge Fernández Díaz

   He querido recuperar las entradas en mi blog, a partir de comentarios a los libros que últimamente estoy leyendo. Lo haré sólo de las novelas que lea y muy puntualmente de algún ensayo que me parezca que pueda resultar interesante más allá de los círculos de investigación que me atraen. 

    Hoy lo haré sobre una novela que he leído hace un par de semanas con más expectativas que buenos resultados. Pero no debe llorarse sobre la leche derramada, ni sobre las páginas leídas.

"La traición" Jorge Fernández Díaz. Ed. Planeta. Noviembre 2020
    

 
  La última novela de Fernández Díaz , sigue la saga de los miembros casi clandestinos de un equipo de servicios de inteligencia que actúan en plena democracia argentina y cuyo protagonista principal es un "operativo" de sobrenombre REMIL. Por lo general esta saga suele ser un entretenido policial negro que conjuga la política y el tráfico de drogas, el sexo y enfrentamientos con los que se presumen son "los malos". Casi diría historias sin grandes pretensiones pero de entretenida lectura. Sobre todo si uno se abstrae del autor como analista político de los medios concentrados, cartelizados, de comunicación social. En esta nueva entrega, su propio personaje se "comió" al escritor. Fernández Díaz comenta que esta novela es fruto del aislamiento preventivo que nos impuso la pandemia de COVID-19. Honestamente mi impresión es que se llevó trabajo a casa. Se plantea incapaz de distinguir sus fantasmas políticos y los describe en su texto. El miedo de la presencia de antiguos militantes que hoy se muestran activos, mezclados con prostitutas mediáticas que hemos podido ver cómo trabajan en función de las extorsiones de los espías de cabotaje y el nuevo gran enemigo de las democracias modernas que es el Papa Francisco, que pareciera que todas las tardes, después de tomar la leche en su pieza de Santa Marta, se dedica a ver cómo puede hacer para molestar a los argentinos de bien, que para el analista de La Nación, son aquellos que no son peronistas, aunque dejando un espacio para los peronistas inteligentes que comparten sus ideales neoliberales. En definitiva, una novela en la que el lector está página tras página, observando obviedades a la espera del despegue que nunca se da, quedando en la chatura de un comentario de radio con las sobras de la cena y los pedazos que no entraron en la edición del diario.


Jorge Gerbaldo
04/01/2021




domingo, 7 de junio de 2020

EL DÍA QUE CORRIENTES TUVO SU GRITO DE MONTESINOS. Reflexiones a partir de una homilía del padre Raúl Marturet



               No tuve el honor de conocer a Raúl Marturet, supe de él y su hombría de bien y sabiduría por su hermano Mario, ya en la Casa del Padre, que me honró con su amistad. Así fue como conocí el contenido de la homilía que predicó para el 70° aniversario de un banco, en Corrientes allá por 1968. Esa homilía es de tal contenido social y evangélico que me hizo acordar la famosa homilía de adviento de Fray Antonio de Montesinos que llevó a la conversión al mismísimo fray Bartolomé de las Casas, el gran defensor de los indios en los primeros años de la colonización.
               Raúl Marturet, sacerdote del movimiento del Tercer Mundo, hombre bueno y justo dicen quienes lo acompañaron, fue excomulgado por el Arzobispo Vicentín en 1970. Una durísima sanción que se dio en el contexto de persecución de los poderosos correntinos. Cuenta Mario Marturet, que, aunque acatando la decisión del obispo, siguió su tarea de ayudar y acompañar a su gente. Siendo un hombre joven, 65 años falleció. Pero la justicia y sobre todo el amor siempre llegan a dar su buen resultado y es así como el 31-11-2016, el Papa Francisco le retira la excomunión post mortem, un acto de reivindicación de su parte, sin dudas.
Pero creo que antes de continuar, se nos hace preciso conocer el texto de la homilía que quiero compartir y comentar. A continuación, lo que predicó el padre Marturet[1]:
“Señores: Celebramos durante esta semana la fiesta de la plenitud cristiana: Pentecostés. Plenitud que entraña la liberación del hombre del pecado y sus consecuencias; miseria, hambre, ignorancia, ambición desmedida con sus secuelas de vilezas, mezquindades, ruindad moral; opresiones, explotación del hombre por el hombre; violencia pasiva, prolongada, desbastadora del hombre y su dignidad, embozada y encubierta que lo acostumbra hasta convencerlo que su vigencia es natural e irradicable; violencia activa en forma de guerras, atentados personales; odios rencores, envidias. Toda la gama de injusticias que brotan con espontánea naturalidad del EGOÍSMO tanto personal como de grupos, sean estos familiares, o de clase, o de la conjunción de intereses comunes de lucro, de sórdidas ganancias.
Estas últimas dan vida al CAPITALISMO que es la forma del capital al servicio del capital, en lugar del capital al servicio del hombre. De la monopolización de capitales nacen los “imperialismos del dinero” con su interminable secuelas de injusticias proyectadas socialmente, para el que la explotación es el medio único y seguro para obtener más y más ganancias, más y más riquezas, más y más poder, con su inevitable resultado de más y más hombres y pueblos cada vez más pobres, más sometidos, vejados en su dignidad e impedidos de acceder a condiciones más dignas económica y culturalmente, como lo señala Pablo VI en la “Populorum Progressio”.
Este breve análisis de las consecuencias del pecado en el orden personal pero principalmente en el social y tal como se dan aquí y ahora, en la Argentina, en Corrientes, en Latinoamérica y en el occidente llamado democrático y cristiano, nos obliga a una seria reflexión sobre el Evangelio, nuestra fidelidad al mismo y la actuación del cristiano en lo temporal “con conciencia cristiana”.
Brevemente: Cristo en su Vida y su Doctrina, nos exige la ruptura con el egoísmo. Por eso su Verdad Fundamental es el Amor mutuo realizado según su ejemplo: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”, “No hay mayor prueba de amor que dar la vida por los amigos”. La medida del amor de Jesús está dada por la Cruz: “los amó hasta el fin”. Pero su concreción en la práctica cotidiana se llama servicio. “No he venido a ser servido sino a servir”. Y en la noche del Jueves Mayor del mundo, lava los pies a sus Apóstoles en gesto simbólico de los que tendría que ser la vida del cristiano y de la Iglesia: humilde servicio a la humanidad. “Os he dado ejemplo para que obreis de la misma manera. El que entre vosotros quiera ser el primero, que sea como el último”.
El amor es la única solución para el egoísmo, porque el amor iguala, empareja. Trata de lograr paridad de condiciones para todos. Igualdad en todos los órdenes de la vida del hombre, empezando por el económico. Allí nacen todas las esclavitudes y sujeciones injustas, por eso Dios comienza desde allí la liberación de los oprimidos. Las páginas del Éxodo lo muestran con claridad cuando exige al Faraón la libertad de su pueblo para “que pueda rendirle culto”. No quiere el culto de esclavos, no porque los rechace con desprecio por su humilde condición, sino porque lo irrita la prepotencia de los esclavistas que así denigran la grandeza y dignidad de sus hijos “creados a su imagen y semejanza”.
Esta primera liberación es indispensable e insustituible para que la persona vaya alcanzando en sucesivas etapas, liberaciones más y más altas hasta alcanzar la plenitud de su grandeza personal. Pablo VI lo expresa en términos de desarrollo desde condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas: “Menos humanas, dice las carencias materiales de los que están privados del mínimum vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo. Menos humanas: de las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de la explotación de los trabajadores o de la injusticia en los negocios. Más humanas: el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario. Más humanas todavía: el reconocimiento por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios. Más humanas, por fin, y especialmente: la fe, donde Dios acogido por la buena voluntad del hombre y la unidad en la caridad de Cristo.
Sólo el amor, según cristo, destruye el egoísmo y se lanza a la liberación del hombre. Y en nuestro tiempo y aquí, el opresor se llama CAPITALISMO, condenado por Pablo VI con estas palabras: “…por desgracia ha sido construido un sistema que considera el provecho como motor esencial del progreso económico, la competencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes… No hay manera de reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía debe estar al servicio del hombre”. (PP26).
Este amor es la exigencia, el mandato, el imperio absoluto del Evangelio. Ante la situación actual, frente al ordenamiento socio económico del sistema capitalista y la voz del Evangelio y de la Iglesia que en él se inspira, no le queda al católico más que dos alternativas: o repudiar y luchar contra el sistema capitalista para no traicionar su fe, o renunciar al nombre cristiano y seguir adherido al sistema de inequidad condenado sin remisión por los principios evangélicos.
Sé que nos fácil para muchos cristianos de buena voluntad y recta buena fe comprender y aceptar esta alternativa que es hiriente y dolorosa. El miedo al comunismo por un lado y la falsa opción que el sistema propicia de: o capitalismo comunismo por otra; sumadas a las aparentes libertades que el sistema concede a individuos e instituciones lucen que se pierdan de vista otras posibilidades. Pero el cristiano debe mirar mejor, debe ver la realidad y confrontarla con su fe, con el Evangelio del Señor que es su guía. Un obstáculo para dilatar esta mirada es el progreso del capitalismo traído con la industrialización, que es bien común de la humanidad ese progreso estrepitoso y fulgurante, no debe hacernos olvidar las leyes internas que lo regulan y que lo constituyen esencialmente opresor y explotador y por eso intrínsecamente injusto. Su cono de luz enceguecedora ilumina apenas a un tercio de la humanidad y sume a los dos tercios – la mayoría absoluta – restante, en el hambre; el triple hambre de pan, de cultura y de Dios. Esto no sólo es inhumano, sino que es anticristiano. Perdón, digo mal: es anticristiano porque es inhumano.
La oposición del sistema capitalista con el Plan de Dios es irreductible. “Dios dice el Concilio, ha destinado la tierra y todo lo que en ella se contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, según la regla de la justicia”. (GS 9)
La imposibilidad de que el Plan de Dios se cumpla dentro del sistema capitalista llevó al Papa Juan XXIII a auspiciar la socialización de los bienes de producción: “Se debe tender a que la empresa se convierta en una comunidad de personas, en las relaciones, en las funciones, y en la situación de todo el personal. La socialización no ha de considerarse como producto de fuerzas naturales que obren fatalmente, sino que es creación de los hombres, seres conscientes, libres e inclinados por la naturaleza a obrar con responsabilidad, por lo que creemos que la socialización puede y debe ser realizada de modo que se obtengan las ventajas que trae consigo y se aparten o frenen los reflejos negativos. Si la socialización se mueve en el ámbito del orden moral, siguiendo las líneas indicadas, NO TRAE DE POR SÍ peligros graves de opresión con daño de los individuos; en cambio contribuye a fomentar en ellos la afirmación y el desarrollo de las cualidades propias de la persona; además se concreta en una RECONSTRUCCICÓN ORGÁNICA  de la convivencia, que nuestro predecesor Pío XI, en la Encíclica Quadragésimo Año, proponía y defendía como condición indispensable para que queden satisfechas las exigencias de la Justicia Social” (M.M. 10 y 11).
Señores termino: Los 70 años de la Institución Bancaria cuya celebración nos congrega en la fe en torno a la Eucaristía, convence del sentido cristiano vigente en quienes la dirigen. Esta seguridad es más que suficiente para exponer aquí las exigencias del Evangelio. Con la “santa libertad de los hijos de Dios” y teniendo en cuenta que “la Palabra de Dios no puede ser encadenada”, sino que se la debe proclamar “con oportunidad o sin ella” es que hablé de un aspecto – quizás el más urgente y necesario en este punto de la historia – para la conciencia y la acción temporal del laico. Se juega de un modo decisivo en él, la fidelidad del cristiano al Evangelio, su compromiso bautismal y el de toda la Iglesia urgida por el Concilio a “escrutar los signos de los tiempos a fin de resolverlos, para bien de la humanidad, según las enseñanzas del Señor”.
“Una renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico obliga a la Iglesia a ponerse al servicio de los hombres, para ayudarlos a captar todas las dimensiones de este grave problema y convencerlos DE LA URGENCIA de una acción solidaria en este CAMBIO DECISIVO de la historia de la humanidad”. (PP 1). Porque en este CAMBIO “no se trata sólo de vencer el hambre, ni siquiera de hacer retroceder la pobreza. El combate contra la miseria, urgente y necesario, es insuficiente. Se trata de CONSTRUIR UN MUNDO donde todo hombre, sin excepción de la raza, religión y nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, EMANCIPADO DE LAS SERVIDUMBRES que le vienen de parte de los hombres; un mundo donde LA LIBERTAD NO SEA UNA PALABRA VANA”. (PP 47).
¿Qué hacer? ¿Cómo hacerlo? Es el interrogante angustioso de toda conciencia cristiana que quiere ser fiel. Pablo VI da normas generales que cada uno y cada sector deberá concretar. “Entiéndasenos, dice el Papa, la situación presente tiene que afrontarse VALEROSAMENTE y combatirse y vencerse las injusticias que trae consigo. El desarrollo exige TRANSFORMACIONES AUDACES, PROFUNDAMENTE INNOVADORAS.  Hay que emprender, sin más, REFORMAS URGENTES. Cada uno debe aceptar generosamente su papel, sobre todo los que, por su educación, su situación y su poder tienen grandes posibilidades de acción. Que, dando ejemplo, empiecen por sus propios haberes, como ya lo han hecho muchos hermanos nuestros en el Episcopado”. (PP 32).
Pentecostés marca la venida del Espíritu Santo, enviado por el Hijo desde el Padre para que, en nuestras conciencias, dé testimonio del Señor (su Evangelio, su Vida) a fin de que nosotros demos testimonio de Él al mundo (Jn 15, 26-27). Señores ha llegado la hora de darlo.
Corrientes, 7 de junio de 1968.”
               Como habrán podido ver, es un texto lleno de definiciones, fruto de un hombre que conocía en profundidad el Magisterio de su época. Los mensajes de Juan XXIII sobre la socialización de los medios de producción, la profunda crítica al capitalismo de la Encíclica Populorum Progressio de Pablo VI, que tan hondo caló en esta América Latina conflictuada por la situación en que se vivía en la posguerra siendo campo de batalla entre el Stalinismo soviético y el capitalismo estadounidense que la consideraba su patio de atrás.
               Comencé diciendo que podíamos considerar esta homilía en la provincia argentina de Corrientes en 1968 en similitud de situación que la conocida de Fray Antonio de Montesinos en 1511, menos de 20 años del “descubrimiento”, estando presente en esa celebración el hijo de Colón en su carácter de máximo representante de la Corona en la isla La Española, entre otros grandes dignatarios y como ya dijimos quien fuera un encomendero de indios y luego conocido como Fray Bartolomé. Montesinos y su comunidad, porque he ahí lo interesante de la historia, esta reflexión fue comunitaria de los dominicos de la isla que veían la injusticia que se producía con los originarios propietarios de esas tierras. Hay un interesante análisis del texto realizado por Pedro Trigo SJ [2]. Los puntos centrales del mensaje son: los indígenas son seres humanos. Son hijos de Dios. Son dueños en pacífica posesión de sus tierras. No se los puede esclavizar ni servirse de ellos en contra de su voluntad, ni, por supuesto, maltratarlos o matarlos.
               Hoy escuchamos estas palabras y parece que la podríamos aplicar a nuestras comunidades Wichis o Qom en Argentina, o a las distintas naciones que son parte de la Amazonia, cuyas tierras son arrasadas por incendios intencionales para expandir la industria sojera o asesinados para que no reclamen sus tierras ancestrales como sucede con los mapuches-araucanos en la Patagonia argentina o chilena.
La vigencia del reclamo de Montesinos se reitera en la llamada de atención de Marturet. La denuncia profética del capitalismo como fuente de opresión, de la falsa disyuntiva entre capitalismo y comunismo – que paradójicamente ha renacido 50 años después –, la exigencia de la opción evangélica por los que sufren y tantas otras cosas que dijo en cara de los banqueros ese día, nos muestra que no sólo poco a cambiado el mundo (o nuestro mundo) sino que se han profundizado las desigualdades alertadas por él.
Nos recuerda el padre Mugica: “En abril de 1969, los obispos hacen un diagnóstico de la realidad que actualmente tiene vigencia: comprobamos que a través de un largo proceso histórico que aún tiene vigencia se ha llegado en nuestro país a una estructura injusta. Es decir, no es un cambio de hombres o de gobierno, sino que es un cambio de estructuras, de sistema. La liberación debería realizarse en todos los sectores donde hay opresión. En el orden jurídico, en el político, en el cultural, en el económico y en el social”.[3]
               Sigue siendo la gran llamada al cristiano el ser fermento de un mundo nuevo, el cual no puede nacer de lo que en los 60 y 70 del siglo pasado se llamó simplemente capitalismo y que ya fuera denunciado por Montesinos en el siglo XVI y hoy conocemos con el simpático nombre de globalización que nos hace creer que todos somos iguales cuando no lo somos. Ni todas las naciones son iguales, ni todos los que formamos esas naciones lo somos. Los difusores de la esta nueva realidad nos hacen pensar que el internet nos igualó, cuando existen poblaciones completas del interior del país que apenas pueden acceder a ella.
               La globalización real es otra cosa, es la globalización, prácticamente sin oposición del sistema capitalista en el mundo. Dice Slavov Zizek, citando a Fredric Jameson que “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Un capitalismo, que junto con el colonialismo moderno son las herramientas de opresión que mantiene a los pobres sin posibilidad de vivir una vida digna, sin posibilidad de progreso y sin futuro ni para ellos ni para sus hijos, porque en el actual sistema mundial, las clases son estratificadas e inmovilizadas.
               El Papa Francisco lo dice con claridad: “Quisiera advertir que no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar. Ello se debe en parte a que muchos profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desintegración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces convive con un discurso «verde». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.[4]
               Hoy los clamores que nos hicieron ver Montesinos, Marturet, Mugica, siguen oyéndose estruendosamente, siguen cuestionándonos, siguen clamándonos y no podemos desoír ese llamado. Por estos días vivimos tiempos distintos como humanidad por una pandemia que sí es global y que como todo daño ataca más fuerte a los indefensos. Pero no podemos dejar de seguir legados como los que hemos visto en estas líneas.
               Como decía al principio no conocí a Raúl, aunque hubiera sido un gusto, seguramente, haber podido compartir unos mates y una buena charla como sí tuve la oportunidad de hacer con su hermano Mario Marturet y creo que habría aprendido tanto como lo hice. Por ello he querido hacer memoria de estas palabras.
Prof. Jorge Gerbaldo
07/06/2020




[1] Texto extraído del libro: “Diputado.. ¿Yo?. Mario Alfredo Marturet. Ed. del autor. Noviembre 2018. Corrientes. Pags. 124-130
[3] Mugica, Carlos. “Peronismo y cristianismo” Ed. Punto de Encuentro. Buenos Aires. 2012
[4] Encíclica Laudato Si. N° 49

sábado, 30 de mayo de 2020

LA CASA COMUN. Un mundo para todos

Hoy les comparto "La casa común. Un mundo para todos", una recopilación de artículos vinculados a la teología ecológica o eco-teología, que intenta abrir una mirada que combine no sólo el pensamiento teológico puro con una visión completa y compleja de la problemática ecológica, que combina lo social, lo humanitario y otras visiones que intentan ver un mundo en su integralidad.
Pueden descargar este aporte de modo gratuito. Les dejo los enlaces para ello.


sábado, 16 de mayo de 2020

Ebook Poemas y Homilias. Angelelli




Ebook "Poemas y Homilías. Angelelli"

Hoy les traigo una iniciativa que surgió en estos días de aislamiento social preventivo y obligatorio en nuestro país (Argentina).
La idea fue la publicación de un libro electrónico de descarga gratuita con algunos textos seleccionados de Enrique Angelelli, uno de los cuatro beatos mártires riojanos, asesinados en 1976 por la dictadura genocida que se impuso por estas tierras.
No tiene grandes pretensiones, más que hacer llegar su palabra a todos los que quieran escucharla.

No tienen más que presionar sobre la palabra "descargar" y allí los llevará a su enlace.

Prof. Jorge Gerbaldo
                                                                                                                                  20/05/2020

lunes, 30 de julio de 2018

Sobre la editorial del diario La Nación acerca del martirio de Mons. Angelelli


En el día de hoy, el diario La Nación, publica una editorial sin firma en la que se cuestiona la anunciada beatificación de Mns. Enrique Angelelli en los próximos días.
               
Para quienes no la han podido leer, pueden hacerlo viendo este link del diario: https://www.lanacion.com.ar/2157470-una-beatificacion-de-tono-politico-ideologico

Comienza con toda una definición: “Monseñor Angelelli de ninguna manera constituye el modelo de ejemplaridad cristiana que la Iglesia exige para iniciar un proceso de canonización”. A partir de allí, con una serie de inequidades, mentiras y aseveraciones cargadas de un odio, que pensaba ya terminado con el paso de los años en democracia en nuestro país, intenta demostrar la incorrección del proceso canónico abierto.

Como el/la que escribe parece querer hacernos ver sus conocimientos en eclesiología y de la política argentina, tomo el “guante” de la discusión y respondo: si quiere hablar de teología, hablaremos de teología; y si quiere hablar de política, pues, hablaremos de política.

“Aun si hipotéticamente fuera un asesinato, Angelelli no hubiera sido mártir por defender la fe”, dice el artículo. Esta persona, decide desde su sillón, quien es mártir y quien no para la Iglesia Católica. “Un mártir (del griego «μάρτυς, -υρος», «testigo») es una persona que sufre persecución y muerte por defender una causa, generalmente religiosa, o por renunciar a abjurar de ella, con lo que da «testimonio» de su creencia en ella.” (tomé la definición de mártir de Wikipedia, para que sea accesible a todos). Si prefieren alguna definición más acotada al ámbito católico puede tomarse la del Catecismo de la Iglesia Católica entre los N° 2471-2474.

Como puede verse, la centralidad del concepto de martirio está en “persecución”. “muerte” y “testimonio de fe”. Todos ellos, cumplidos largamente en el caso Angelelli. La justicia determinó que no fue un accidente la causa de su muerte. Fue publica la persecución sufrida de manos de las familias poderosas de La Rioja, quienes en diversas oportunidades pidieron al Comodoro Estrella, quien era el “hombre fuerte” designado por el gobierno militar en esa provincia, ´para que acabara esa voz que “taladraba” su conciencia en sus condenas a la situación imperante en la provincia y el país.

Pero claro, y acá empezamos ha hablar de política, esos poderosos que querían un Obispo silenciado son los mismos a quien representa este diario históricamente. Son aquellos que no dudan en mentir para seguir dominando a nuestro pueblo, creyendo que aún tendrán la complicidad de un episcopado que ya no es el mismo que cayó y hasta avalo las mentiras en el caso Angelelli, y que ahora cambió. Ya no mas los cómplices del poder opresor en la conducción de la Iglesia en la Argentina, y por tanto, ya no más aquellos que quisieron ocultar el asesinato de un hermano para no ofuscar a aquellos con quienes compartían ideales y que en ese momento gobernaban.

Pero, más allá del contenido ideológico, el artículo está plagado de mentiras. La cámara federal de Córdoba, con jurisdicción sobre el juzgado federal de La Rioja, determinó que la investigación desarrollada y citada por el editorialista, era nula y ordenó una nueva investigación, de la cual surge la condena a Menéndez y a Estrella. Además, decir que la hipótesis del asesinato surge a partir de una denuncia realizada por Fray Antonio Puigjané en el año 1988, es una falaz y tendenciosa mentira. Su familia, sus amigos y sus fieles, llevaron adelante causas judiciales, desde el primer momento, en donde denunciaban su asesinato. Tenemos el ejemplo del Centro Tiempo Latinoamericano, que, desde su fundación a inicios de la década de 1980, desarrolló una incesante actividad de esclarecimiento sobre el martirio de Angelelli, y eso es material de consulta desde la aparición de su primer publicación en octubre de 1982.

La cita de injurias hacia quienes defendieron la denuncia del asesinato, como así también la cita de testigos comprados y judicialmente rechazados, dejan ver lo tendencioso y agraviante de esta editorial publicada en uno de los diarios de mayor tirada del país.

Creo entender lo que está sucediendo. Es la continuación, por elevación, de la campaña llevada a cabo por los medios oligopólicos contra el papa Francisco y su teología pastoral comprometida con los pobres, desvalidos, sufrientes y expulsados de un capitalismo ya insostenible y del que el diario La Nación quiso ser siempre su representante.

Pero deben darse cuenta de que la Iglesia ya no es su cómplice. Buenos tiempos pasaron cuando algunos obispos o cardenales apoyaban sus interrupciones institucionales y cubrían con un “manto piadoso” sus barbaridades, tanto en el aniquilamiento de sus opositores como en desarticular los reclamos de aquellos que sufrieron las consecuencias de sus políticas. Hoy es el tiempo de una Iglesia para la periferia, que se preocupa de los que sufren y no de los que oprimen, porque no son estos a quienes Jesús vino a redimir. “Felices los pobres…” Esa es la base del Evangelio del amor y esa es la Iglesia que hoy ha renacido y que está en los corazones de los jóvenes y de los pobres que se ven amparado en ella.

Por ello, cansado de mentiras y desprovisto de odio, le pido a quien escribiera la editorial sin firma que abra su corazón y se deje cubrir con el verdadero espíritu del amor que sólo actúa si somos sinceros de corazón. Deje que el Señor actúe en usted y verá lo hermoso que es vivir sin odios y abierto a los hermanos que sufren, porque, le recuerdo, de ellos es el reino de los cielos.

Prof. Jorge Gerbaldo
                                                                                                                                   30/7/2018  

miércoles, 28 de marzo de 2018

Recención del libro "Papa Francisco. Latinoamerica"


PAPA FRANCISCO. LATINOAMERICA
“Papa Francisco. Latinoamérica. Conversaciones con Hernán Reyes Alcaide”
Editorial Planeta. Buenos Aires.
Primera edición noviembre de 2017.
El autor de la presente obra, el periodista argentino Hernán Reyes, actualmente se desempeña como corresponsal de la agencia Telam en el Vaticano. Desde esa función, es un habitual participante de los viajes pastorales del papa Francisco, cuando éste sale de Italia.
Lleva adelante, según él mismo explica, una serie de encuentros con Francisco en la casa de Santa Marta, residencia del pontífice en el Vaticano, durante los meses de julio y agosto de 2017. Como fruto de esas conversaciones nace este libro que traslada el amplio conocimiento que tiene Su Santidad de la realidad latinoamericana, no solo la eclesial, y el profundo compromiso con estas tierras, nacido ya por los tiempos de la Conferencia de Aparecida.
Estructura la obra a partir de una introducción realizada por el mismo Papa Francisco y seis capítulos que intentan abarcar los temas centrales de la situación latinoamericana en la segunda década del siglo XXI. Por último, un anexo de discursos y documentos pontificios seleccionados especialmente sirven de apoyatura a las definiciones que contiene.
Los capítulos son:
1.      El recuerdo de Aparecida diez años después.
2.      El enfoque social hoy: Jóvenes, mujeres y detenidos.
3.      De la región al mundo: Ecumenismo y diálogo interreligioso.
4.      El “identikit” del político católico latinoamericano.
5.      Sociodiversidad y defensa del ambiente.
6.      Los desafíos y aportes de la religión.
Al leer esta extensa entrevista, tan variada en su temática, se logra acceder a un compendio del pensamiento social de Francisco. Un pensamiento innovador para la Iglesia, aunque no novedoso para Latinoamérica. Todo parte de su participación en la presidencia de la comisión redactora de la V Conferencia de Obispos de América Latina y el Caribe desarrollada en el santuario brasilero de Aparecida en 2007. Allí logra advertir una especie de panorámica del pensamiento eclesial, recibiendo los aportes de las conferencias episcopales de todos los países que descubren sus propias preocupaciones, realidades y virtudes. Este bagaje que adquiere en ese encuentro, sumado a la reflexión del pensamiento de su amigo Methol Ferré y los aportes del P. Víctor Manuel Fernández, su asesor en ese encuentro, van dando forma a la transformación de Bergoglio en Francisco.
Desearía rescatar tres conceptos que resaltan del texto: el anticlericalismo como modo de comprender a la Iglesia; Aparecida como el documento liminar de la nueva Iglesia que necesitamos y la caracterización de la política latinoamericana y sus responsabilidades.
Clericalismo: Francisco ve a la Iglesia “de funcionarios” como la raíz de su crisis actual. “El clericalismo siempre supone una separación del rebaño. Es el asalariado del Evangelio. Cuida el rebaño, pero si viene el lobo se escapa. El asalariado no ama al pueblo… Hay síntomas y pecados del clericalismo. El pueblo de Dios le puede perdonar a un cura muchas fallas y hasta pecados. Es como si no le diera importancia, aunque sabe que está mal. Pero ese pueblo fiel no te perdona si maltratás a la gente o si juntás dinero. Tiene olfato. Ahí hay dos rasgos de clericalismo: la distancia con la gente, como si el pastor fuera el patrón, y la plata, esos que cobran todo, o que se muestran aferrados al dinero”[i].
Del mismo modo se expresa sobre la inclusión de la mujer en la Iglesia, rechazando el reclamo funcional (la ordenación femenina), ya que eso es insertarla en un esquema clerical, cuando debe ocupar un lugar innovador en el corazón del pueblo cristiano.
Aparecida: Francisco rescata, ante todo que fue la primera reunión del Episcopado latinoamericano realizada en un Santuario Mariano, con la fuerza de la presencia de la Madre en todos los debates y la participación popular en las celebraciones al final de cada jornada. Esta presencia de la gente les transmitió un “cable a tierra” que permitió afrontar los desafíos con la audacia que aporta el apoyo popular. “…Aparecida no terminó con el libro que reúne sus conclusiones, sino que terminó con una acción conjunta, la Misión Continental, o sea con un hecho. Eso la diferencia mucho de las otras”[ii].
Política: El Papa, ve en la corrupción un problema de tal gravedad en la acción política de nuestros países, que insiste en darle un carácter diverso al pecado. Los distingue teológicamente, pero sobre todo psicológicamente.
“El pecador es una persona que conoce límites, que tiene equivocaciones. Hay un nivel de autocrítica o de penitencia en el plano teologal que lo va salvando continuamente. Sí, soy un desastre. Ya está. Se calificó bien y por lo tanto le da dignidad de pecador. Tiene conciencia humana de que se equivoca: equivocarse es humano. En cambio, el que es corrupto pierde esa brújula. Y se resbala, no se da cuenta. Se va como acostumbrando a respirar otra atmósfera, viciada. Se olvida de cómo es el aire fresco del espíritu, sus horizontes. Y vive en otro mundo, del que difícilmente sale”[iii].
Este libro presenta a un Papa Francisco cercano a los argentinos. El hecho de que quien lo entreviste lo sea, le da una familiaridad en la mención de anécdotas y citas, que logra que quienes conozcan la vida política e intelectual de Argentina, lo lean con la naturalidad de quien escucha una charla de café. El exponer vivencias, discursos escuchados, políticas vividas, hace que a quienes lo leemos nos resulte familiar y ameno.
Pero esta familiaridad no nos deja fuera de profundas reflexiones que tienen carácter universal. Sus expresiones sobre la política y la ecología, sobre la sociodiversidad y el rol de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, al igual que su condena a la política corrupta, pone en la mesa discusiones y posturas que desarrolla permanentemente en su catequesis y su Magisterio.

Es una obra que muestra a Francisco en su mejor momento, con su compromiso asumido por una Iglesia formando parte del mundo moderno y conflictuado, que seguramente dará pasto a sus críticos (que los tiene), pero que ratifica la sencillez y la claridad de su mensaje para todo el mundo.

Prof. Jorge Gerbaldo


[i] Pag. 31
[ii] Pag. 26
[iii] Pag. 81





lunes, 23 de octubre de 2017

Santiago Maldonado y la caída de la careta social

                  No intento hoy hablar del caso Santiago Maldonado, que tanto queda por saber y tanto se ha dicho sin saber. Intento pensar en cómo nuestra sociedad, después de tantos años sigue enfrentada por temas que pensábamos superados, que creíamos que todos estábamos de acuerdo y que todos no queríamos que se repitieran.
                Luego de las condenas por los juicios de delitos de lesa humanidad ocurridos durante la última dictadura, en que la gente salió a la calle masivamente en apoyo a lo dictado por la justicia, parecía que nos unía el sentimiento de que como conjunto social habíamos decidido que no íbamos a soportar más el atropello del Estado sobre nuestros derechos y hasta sobre nuestra persona.
                Pero vino el caso Santiago Maldonado y tiro por la borda 40 años de construcción de conciencia. De golpe, de un día para el otro, volvimos al “algo habrá hecho”. No importaba que a un joven no se lo encontrara durante 80 días. No importaba que la última vez que se lo vio, estuviera huyendo de una carga de gendarmería. No importaba que esa fuerza de seguridad durante 30 días mintiera diciendo que no iban armados y que no hubieran llegado a la zona donde se habían refugiado los manifestantes.
                Y Santiago Maldonado trajo otras  discusiones colaterales, por ejemplo la raíz étnica del pueblo Mapuche. Se discutió ya no solo el reclamo de los pueblos originarios sobre ciertas tierras, que fueron otorgadas por ley, sino también si el mismo pueblo Mapuche es argentino o chileno, como si estas naciones originarias de nuestra América no fueran anteriores a la conformación de los Estados a mediados del siglo XIX.
                Y así, desviando discusiones, aceptando comentarios de dirigentes políticos del más alto nivel, como Carrió, que en una falta de respeto sólo comprensible en una persona que parece “borracha de votos” hace bromas que hieren las sensibilidades más duras, pero que ella es impune porque los medios de comunicación han decidido recubrirla de un halo de santidad vengadora incomprensible, ya que ella misma vive en constante contradicciones, tal como nos pasa a la mayoría de los seres humanos. No es un ángel, aunque ella se lo crea, y no se da cuenta que un buen día, cuando moleste se la sacarán de encima.
                Y así, a upa de Santiago Maldonado, mostramos la hilacha. La mostramos cuando el gobierno nacional le puso un guardián del Ministerio de Justicia al juez Otranto para que cuidara que la investigación no fuera para un lado no conveniente y la mostramos cuando se reclamaba la aparición con vida de Maldonado esperando que no aparezca hasta después del 22  de octubre creyendo que eso sacaría votos al oficialismo. Mostramos la hilacha, cuando se dejó a la Gendarmería investigar durante los diez primeros días y era a ellos a quien debía investigarse. Mostramos la hilacha, cuando debíamos solidarizarnos y acompañar la búsqueda de la familia y lo único que hacíamos era dividirnos entre los que estábamos en contra del gobierno acusándolo y los que estábamos a favor del gobierno y decíamos que tal vez se lo tenía merecido.
                Pero no hicimos lo que debíamos hacer. Investigar cómo puede ser que en un espacio yermo una persona desaparezca de la nada. Ayudar a la justicia con todos los medios que como ciudadanos les entregamos al Estado para que nos proteja. Acompañar a una familia que sufre y entre todos encontrar la verdad.
                Pero me parece que ante todo, debemos como sociedad ponernos de acuerdo seriamente, sin falacias, el contenido de los derechos que debemos defender. Sin importar quién ejerza el gobierno, para evitar que a la primera complicación salten como langostas las diferencias más profundas que muestran que aún hay  gente que cree que pueden resolverse las contradicciones sociales con un concepto de mano dura que es inadmisible en el estado de derecho y que no es sacándose de encima a los diferentes a nosotros cómo se construye un mundo para todos.
                Debemos ponernos de acuerdo en que el mundo es tan grande que todos tenemos lugar. Los hijos de inmigrantes europeos y los hijos de inmigrantes americanos. Los criollos y los originarios. Los rubios y los negros. Los adultos “responsables” y los jóvenes “útopicos”. Y ese mundo lo que no debe tener es ricos y pobres, sino que todos tienen derecho a la vida digna. No debe tener poderosos ni oprimidos, ya que todos deben tener acceso a la libertad que surge de la fraternidad. Quien oprima debe ser castigado, quien viole derechos debe ser castigado, quien se olvide de su hermano debe ser reconvertido por los demás para de ese modo vivir en armonía.
                Así, Santiago Maldonado, que acompañaba los reclamos que consideraba justos podrá encontrarse en paz y su familia dejará de sufrir, ya no sólo su ausencia, sino también los insultos hacia el ser perdido.

Jorge Gerbaldo
23-10-2017

sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Quién canoniza a quién?

Según disposición del Vaticano, el próximo 16 de octubre será canonizado el padre Gabriel Brochero, conocido popularmente como el Cura Brochero, famoso sacerdote que desarrolló su tarea pastoral en las serranías cordobesas.
Son días de mucho júbilo para aquellos que hemos conocido el trabajo del Cura, que no fue sólo religioso, sino que inundó todos los espacios de la vida de una comunidad que estaba aislada en virtud de su ubicación geográfica a principios del siglo XX. Es por ello que nos alegra, pero también nos cuestiona.
Hace unos días, escuché decir a alguien “¿Quién canoniza a quién? Y esa pregunta me siguió golpeando hasta que me decidí a tratar de organizar mis pensamientos buscando el sentido de la pregunta (por lo menos el sentido en que la tomo, no ya el de quien la pronunció, dado que no puedo conocerlo, aunque lo presumo).
Siempre he pensado que más allá de las normas que rigen a la Iglesia Católica en el proceso de canonización (Constitución Apostólica Divinus perfectionis Magister, de 25 de enero de 1983), son miles y miles los humildes santos que la institución desconoce. Y no hablo solamente de la viejita piadosa que entrega su vida en buscar y arreglar alguna ropa en el ropero parroquial para abrigar a los que no tienen con qué hacerlo. Pienso también en aquellos que habiendo vivido una vida plena de compromiso y entrega, la institución ha optado desconocer por no coincidir con sus opciones políticas en cada momento histórico.
Puede tenerse dudas de la santidad de Mns. Oscar Romero, que fue asesinado celebrando la misa? Existe martirio más claro que ese? Creo que no, pero durante muchos años su testimonio (martyrium) fue molesto para una dirección eclesial comprometida con el polo conservador mundial que encabezada Reagan y que complementaba Juan Pablo II.
Y aquí tenemos otro caso. Juan Pablo II fue canonizado conjuntamente con Juan XXIII. El Papa bueno, el que abrió las ventanas de la Iglesia para que entrase el aire fresco de la renovación, sin miedo de que alguno pudiera resfriarse quedó unido a aquel que durante 25 años sirvió de tapón para “echar atrás” toda posibilidad de cambio.
Pero volviendo a Brochero, vemos cómo los poderes políticos argentinos intentan tomar tajada de una celebración que debería ser básicamente popular porque él lo era. Brochero trabajaba para su pueblo y su pueblo es el que lo recuerda vivamente, sin especulaciones. Y hoy, contemplamos las delegaciones gubernamentales que participarán en Roma de la celebración de su canonización y no se puede dejar de pensar si no serían enfrentados por la voz de aquel que no se callaba las verdades que hacían sufrir a su gente. Pero bueno, la realidad actual es así. Nada les importa ni a los gobernantes ni a líderes religiosos las enseñanzas de los santos populares, pero les hace bien el lavado de imagen que ellos realizan.
Y así, desgranando ideas, voy descubriendo quién canoniza a quién. Angelelli, canoniza a un episcopado que usó el argumento del accidente para lavarse las manos ante una voz que interpelaba a algunos de sus amigos. Romero canoniza, entre otros a muchos jesuitas (recuerden que Francisco lo es) que lo consideran un extremista fuera del lugar que ellos habían elegido para desarrollarse. Los mártires salvadoreños, los jesuitas asesinados en la Universidad Católica en El Salvador, canonizan a los que tienen su conciencia dolida por haber financiado la contrarrevolución centroamericana. La Madre Teresa de Calcuta, canoniza a los obispos y cardenales que viven en la riqueza de los palacios romanos y actúan sólo para complacer a los poderosos.
Pero brocherito (hoy un amigo me decía que algunos lo llaman así) nos dejará la enseñanza de no canonizar a nadie, sino de cuestionar los sistemas opresores que impiden la vida digna. Podrán ir a su celebración en la bellamente adornada Plaza de San Pedro el presidente, el gobernador y toda la comitiva que quiera, pero él seguirá siendo luz de esperanza para los pobres y los sufrientes, sin importar si es verdad o no el milagro atribuido, porque no importan los milagros, importa el amor… “amar hasta que duela” decía Teresa de Calcuta.

Córdoba, 24 de septiembre de 2016
<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/"><img alt="Licencia Creative Commons" style="border-width:0" src="https://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/4.0/88x31.png" /></a><br />Esta obra está bajo una <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional</a>.


martes, 15 de marzo de 2016

EL COMPAÑERO MAURICIO

Pensando en los 100 primeros días del presidente Macri, me dan ganas de repetir el magnífico informe de Lalo Mir en su espacio “Sin respirar” que sintetiza lo que fue el comienzo del gobierno de Cambiemos. (Si alguien aún no lo vio, se lo recomiendo y les dejo el link: https://youtu.be/xnazBV6T2AE ).
Pero por desgracia no es tan fácil como eso hacer un análisis de estos primeros tres meses de gobierno. Ante todo, estábamos desacostumbrados a los cambios de gobierno. Luego de tres periodos presidenciales en que no sólo no cambió el signo político, sino que hubo una continuidad en las políticas globales, con sus más y sus menos, pero siguiendo un mismo rumbo, ahora nos toca vivir un cambio radical, con una vuelta a experiencias económicas y sociales que pensábamos (inocentemente) haber dejado atrás.
Nada me sorprende de lo hecho por Macri. No esperaba más. Tampoco menos. Siendo el representante autóctono de un capitalismo transnacional que asume la política a partir de los negocios generados, primero a través de las empresas contratistas del Estado de su familia y luego, a través de un equipo de fútbol que está inmerso en negociados a nivel nacional e internacional, no podía esperar otra cosa. Y voy a poner un ejemplo: si el gobierno fuera anarquista, no me extrañaría que expropie los bienes particulares y los entregue a obreros organizados, sí me llamaría la atención que reprima con la policía la protesta social.
Lo que sí llama la atención (o no tanto), es que no han podido hacer que sus socios respeten y ayuden a la inicial consolidación de un gobierno que ha llegado legítimamente a través del voto, pero anémico de estructura política. No cuentan con base territorial extendida en todo el país, no cuentan con bancadas numerosas en el Congreso Nacional, más aún, da la impresión que el haber ganado la gobernación de Buenos Aires los ha dejado con un vacío de funcionarios capaces de asumir funciones, que es notable. Y a esto debemos agregar que sus socios de intereses, aquellos que manejan las estructuras económicas a través de la concentración de la comercialización agrícola o la producción de bienes y servicios, los han atacado con la negativa a liquidar exportaciones o aumentando los precios de modo abrumador, generando una inflación desenfrenada.
Pero no sólo del Macrismo surgieron grandes dudas. No puede entenderse qué intentaba hacer el FPV en estas elecciones. Veamos algunos ejemplos: en Córdoba, se llevaron de candidatos a personas que estaban inmersas en escándalos judiciales como el caso CBI. Las provincias que quedaron en poder del FPV están totalmente desfinanciadas y deben acudir al gobierno nacional en busca de fondos, con el correlato de negociaciones políticas que ponen en dudas los discursos previos. Los nombramientos en el Estado nacional de los últimos años fueron totalmente precarios (en la figura del “contratado” o el “monotributista”) que dejo a todos ellos en manos de la furia ajustadora del nuevo gobierno.
Los 12 años de la administración del FPV plantearon una novedosa visión de las formas de hacer política. En sus comienzos con un método de construcción que parecía abarcar a todo el campo popular. Posteriormente y dadas las urgencias propias de un gobierno que necesitaba apoyo parlamentario y territorial fue virando hacia una peronización que dejaba fuera toda otra forma de ver la política nacional. No obstante, grandes logros alcanzó y muchos problemas tuvo. Tal vez el más grave y que lo llevó a la derrota fue la falta de decisión en la conformación de nuevos liderazgos que convivieran camino a la sucesión con la Presidente Fernández de Kirchner. El mismo candidato Scioli parecía más atacado por la tropa propia que por los opositores. Tarde, camino al ballotage algunos se dieron cuenta de la necesidad de militar su candidatura.
Pero horrible y de mal gusto es llorar sobre la leche derramada. El históricamente llamado Movimiento Nacional y Popular, debe aprender de todo esto. Como movimiento histórico se han cometido errores en distintas épocas, sobre todo el error de pensar que se gobierna por siempre y no saber conjugar el valor del hartazgo de mucha gente a modos de gobernar que se tiñen de cierta impunidad.
Ahora estamos en otro momento de nuestra fluctuante historia política. Los grupos económicos y sociales vinculados a la transnacionalización capitalista están de fiesta y ese festejo lo pagan los que menos tienen, las víctimas del sistema que no supimos rescatar, los despojados de siempre. Pero sobre todo no aprendimos que desde el capitalismo, sin cuestionar su fundamento y su lógica, nunca podremos construir una Patria para todos, donde los “sufrientes” sean la razón última de cada decisión. Un lugar de integración para el desarrollo personal y comunitario que contemple al ser humano en su dignidad y que esa dignidad sea su último fundamento.
Jorge Gerbaldo
                                                                                                          15/3/2016 



jueves, 24 de septiembre de 2015

DE AYLANES Y GLOBALIZACIONES

Llegó la década de 1990 y el “mundo desarrollado” al ritmo de un incremento desaforado de las comunicaciones, declaró la ERA GLOBAL.
Los sociólogos y politólogos nos inundaron de neologismos para enseñarnos de que se acabaron las fronteras; que ahora somos ciudadanos de un único mundo. La nueva sociedad surgida de esta era de la comunicación intentó hacernos creer que era lo mismo ser tirio o troyano, porque ahora no habría más divisiones.
Y así fue que creímos que si todos éramos ciudadanos de un único espacio global teníamos derecho a decidir dónde vivir dentro de ese mundo que nos alojaba a todos como co-ciudadanos en una fraternidad que el encuentro virtual promovía. Pensábamos que en esta fraternidad, seríamos recibidos en la casa del hermano global si nuestra casa se volvía inhabitable.
Así fue que los latinoamericanos salieron como migrantes a Estados Unidos y a Europa. Pero pronto fueron tomados por usurpadores de un espacio no propio y se transformaron en “chicanos” o “sudacas”. Luego vinieron las víctimas de las guerras civiles del África sub-sahariana que intentaron llegar a Europa y fueron rechazados. También del África y de Asia vinieron aquellos que no soportaron la anarquía surgida de la llamada primavera árabe iniciada en 2010. Ahora las grandes masas de migrantes son fruto de las persecuciones religiosas del grupo asesino ISIS o Estado Islámico.
Pero esta gente no hacía más que marchar hacia la madre de los males que sufrían. Los latinoamericanos que intentan ingresar a Estados Unidos huyen de violencias institucionalizadas y marginación económico-social y ven en ese país la solución a sus males, cuando no es más que la causa de esos males. Marginación y violencia en esta zona del mundo es hija de políticas apoyadas e implementadas por ellos. Y así podemos seguir en cada caso: las guerras intestinas africanas promovidas por las potencias coloniales que aún poseen gran influencia en esas zonas, como el caso del Congo y las situaciones planteadas en las minas propiedad de la familia real Belga (ver: https://www.cristianismeijusticia.net/files/es184.pdf) .
Otro tanto se puede hablar de la primavera árabe o el colapso irakí o sirio. Todos son intentos de las potencias occidentales para imponer modos de vida y organización política y económica culturalmente extraña a esas regiones. Pero claro, esto es un planteo obsoleto, ya que en la era de la sociedad global no existen diferencias culturales. Eso nos dicen los publicistas del sistema colonial, pero no es lo que nos dice la realidad cotidiana.
Y así, en el interés por buscar formas de vida más dignas, poder salir de situaciones de esclavitud física o moral, escapar a la violencia o alcanzar espacios de desarrollo personal se fueron llenando de muertos las playas de Lampedusa, de campos de refugiados maltratados y hacinados en los Balcanes o las alambradas y los muros en los dominios españoles al norte de África.
Hasta que vimos a Aylan muerto con sus ropitas intactas en una playa, con su niñez abortada en los deseos de sus padres de no ser exterminados por el Isis o por el Estado turco. Con él murieron también su hermano y su madre. Todas víctimas de la misma desgracia que conmocionó al mundo. A partir de allí la sociedad se lleno de horror y solidaridad por el niño muerto y durante unos días vivimos una orgía de promesas, que sin dudas duraría hasta que un nuevo tema saque a los migrantes obligados del centro de la escena periodística.
Y todo sigue igual. En Medio Oriente sigue la barbarie violenta. En Libia la anarquía generada por los servicios secretos occidentales. La nación Kurda sigue siendo hostigada por los turcos, y tantas miserias más. Pero ninguno de los actores políticos de los países que dominan militar y políticamente el mundo piensa en dar respuesta a los gritos estremecedores de miles de Aylan que están pidiendo: “detengan el desastre”, porque para detener el desastre es necesario reconocer que en el mundo de la globalización dirigida, algunos son más ciudadanos que otros y no todos tienen los mismos derechos. Deberían reconocer que la globalidad sirve para que en todo el mundo consumamos sus productos pero no que para que todos seamos igualmente libres.
La globalización capitalista occidental mató a Aylan y su familia. Me dirán que no apretaron el gatillo ni soplaron los vientos que hicieron naufragar la balsa que lo transportaba, no me interesa. Cuando permite que un niño muera de hambre en la selva formoseña de Argentina o muera ahogado en el Mediterráneo, el capitalismo deshumanizado ha sido el asesino.

Prof. Jorge Gerbaldo

24/9/2015

martes, 1 de septiembre de 2015

NOTAS ACERCA DEL ARTÍCULO “LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN EN DEBATE” DE GERHARD MÜLLER. EN “DEL LADO DE LOS POBRES”

Nos dice Josef Sayer, presidente de Misereor y prologuista de este trabajo conjunto de
Gutiérrez y Müller: “Teología latinoamericana, en el sentido de la teología de la liberación,
significa conocer la realidad de los pobres y adoptarlo como punto de referencia para la
reflexión teológica. De esta manera, hacer teología significa unir estrechamente fe y vida”.
Alguna información sobre Gerhard Müller: Teólogo alemán, quien fuera Obispo de
Ratisbona, actualmente es Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Conoce a
Gustavo Gutiérrez a partir de un intercambio de teólogos alemanes con pares peruanos, el
cual lo motiva para interiorizarse del pensamiento teológico latinoamericano y su correlato
pastoral. Es así que durante 15 años, dedicó parte de sus vacaciones académicas para dictar
cursos a agentes pastorales y sacerdotes peruanos, en muchos casos inmersos en las
profundidades andinas, compartiendo la vida de esas comunidades.
En octubre de 2011, con ocasión de su nombramiento como Prefecto, en una entrevista
publicada por el Vatican Insider, señala con respecto al pensamiento de Gustavo Gutiérrez: “La
teología de Gustavo Gutiérrez, al margen de cómo se la considere, es ortodoxa porque es
ortopráctica y nos enseña el correcto modo de actuar cristiano, ya que deriva de la fe
auténtica”.
Para Müller, debatir con la teología de la liberación significa asumir su discurso teológico
y tomar parte con él en el proceso social y eclesial de Latinoamérica. Así, debate
comprometido con una realidad que intuye inevitable de ser consideradada.
Luego de esta sencilla presentación del autor y del tema que aborda, me parece
importante descubrir junto con el Dr. Rosolino en su obra “La teología como historia”, que debe
tomarse a la historia como lugar de la mediación hermenéutica de la verdad. Éste es el
problema que el mundo moderno plantea a la teología, y por tanto será la novedosa respuesta
que la teología da, para acabar con el enfrentamiento entre la fe y la cultura moderna. Nos
dice Rosolino, las palabras de Monseñor Angelelli: “Un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”
resumen la permanente tensión-atención entre Palabra e Historia.
Müller, intenta en este artículo, revisar los principales cuestionamientos que como teólogo
europeo conoce que sufre la teología latinoamericana. Él mismo, parece leerse entre líneas,
tiene una especial relación con esta teología, que se mueve entre la comprensión y la crítica, si
bien no a su ortodoxia, si a la metodología y algunas fuentes de la que abreva el discurrir de
esta teología.
Es por ello que él mismo nos alerta sobre su interés respecto a la teología de la
liberación: parte de su mismo atractivo respecto a la realidad económica, social y eclesial
latinoamericana y sus condicionamientos histórico-eclesiales. “…el trabajo del teólogo es la
palabra de Dios que es sólo una, está dirigida a la humanidad y a su única historia, y
solamente puede ser interpretada en el plano de lo universal/histórico y lo universal/social.
Poniendo basa en una tierra concreta, no ya en un mundo genérico, el cardenal Müller
descubre para su lector que se hace teología desde lugares que se transforman en lugares
teológicos: “La pregunta de fondo, formulada teológicamente, dice: ¿cómo se puede hablar de
Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, de la Iglesia, los sacramentos, la gracia y la vida eterna,
teniendo a la vista la miseria, la explotación y la opresión de los seres humanos del Tercer
Mundo…?
Para ello, debe romperse con el dualismo escolástico del mundo natural y el orden
sobrenatural. Y para lograrlo contamos con la concepción integral bíblico-hebreo, de la unidad
de la existencia humana, personal, espiritual/corporal y social. A partir de ahí hay que concebir
de nuevo y formalmente toda una sistemática de la teología.
Müller encuentra en la praxis y el primado de la praxis un encuentro integral con la
realidad y la participación en el proceso de su realización social e histórica, así ya la teología
teórica y la teología práctica son imposibles de separar. De toda teología surge una praxis que
se concibe primero intelectualmente para llevar los principios de la fe a la realidad concreta y
material.
Bruno Forte, nos habla del triple ingreso de la historia en la teología:
- El primado del objeto puro;
- la dignidad del sujeto humano, la razón histórica y el ingreso de la escatología; y
- la relación teoría-praxis.
Casi en coincidencia, Müller nos plantea tres instancias metodológicas para la teología:
- Primero, la participación del cristiano en la praxis de Dios que libera al hombre en la
historia, una participación que implica acción, sufrimiento, conocimiento.
- Segundo, la reflexión crítica y racional sobre esa praxis a la luz del Evangelio.
- En un tercer paso, también crítico y reflexivo, la transformación de la realidad.
Por ello, teología e Iglesia cambian su sentido en una teología contextualizada, a partir de
la definición del Vaticano II, para quien la Iglesia no es ya una institución que administra la
salvación. Sino que la Iglesia en conjunto (con los laicos y la jerarquía, que son sus miembros
internos) se convierte en signo e instrumento de la unión de Dios con los hombres y de los
hombres entre sí. Así se convierte en sujeto actuante de la acción liberadora y de la praxis
histórica de la liberación. Nace el poder histórico de los pobres, quienes al participar como
sujetos en el proceso de la historia son al mismo tiempo sujetos y actores de una empresa de
liberación.
La novedad de la teología de la liberación, no es ya el ofrecer nuevos temas a la
teología, sino en establecer una nueva metodología para procesar los planteamientos y
contenidos de clásicos de la teología católica. Estos principios metodológicos, serían:
- El análisis social
- La sistematización hermenéutica
- La pastoral práctica y sus aplicaciones.
Nos decía Gustavo Gutiérrez hace dos años en esta misma casa, que le consultaban qué
temas trataba la teología de la liberación? A lo que él contestaba que desarrolla los temas que
toda teología debe considerar, la especificidad está en el método de análisis que pone al
sufriente en un lugar teológico privilegiado.
Esto mismo nos transmite Müller y por ello ve en la metodología de la teología de la
liberación el centro hermenéutico del cual generar el debate y la comprensión de esta escuela
teológica. Así, la considera sucesora de la Nueva Teología francesa de Henri de Lubac con sus
proyecciones sociales y de la teología de la gracia de Rahner, aplicada a la historia y a la
sociedad.
Pero quiero centrarme en lo que tal vez tenga de más conflictivo en la crítica a la teología
latinoamericana, que es su análisis social (primer elemento metodológico, según el autor).
Esta teología empieza considerando que nuestra relación con Dios y nuestra situación en
el mundo y en la sociedad son partes de una misma realidad. Pobreza, es el resultado de
condiciones de existencia estructurales e insalvables que destruyen la vida de millones de
seres humanos.
Descarta de todo cuestionamiento que tenga algo que ver con la ideología totalitaria del
comunismo leninista y stalinista, ya que no considera al hombre como un simple producto
ensamblado a partir de condicionamientos materiales. El hombre es una persona creada por
Dios y convocada por Dios para una obra.
No obstante, considera la opresión, fruto de sistemas económicos del mercantilismo, de
la moderna industria capitalista de los Estados centrales y de sus agentes en las poderosas
empresas multinacionales, que produjeron la marginalización del Tercer Mundo y la
pauperización de grandes masas populares.
Entiende que cuando la T.L., utilizando un lenguaje marxista habla de “luchas de clases”,
no lo plantea como el aniquilamiento de hombres de una clase contra otra, sino que debe
entenderse de la lucha de la gracia contra el pecado, en la cual debemos tomar posición. La
teoría de la dependencia y los movimientos liberacionistas latinoamericanos surgieron como
fuente inspiradora de una nueva forma de ser Iglesia, que junto a la pedagogía de la liberación
intentan dar respuesta a un sistema global de opresión desde los países centrales
(específicamente Estado Unidos y Europa) y recupera el concepto de dignidad de la persona
humana más allá de su situación social.
Pero uno se preguntará el por qué del interés de un teólogo europeo por una teología tan
contextualizada como a simple vista parece ser la teología de la liberación y tan lejos de sus
propios intereses sociales y académicos. A esto Müller responde diciendo que la teología se
desarrolla en el contexto eclesial que es único y universal más allá de las situaciones de cada
Iglesia particular y sostiene que le ha interesado la teología de la liberación porque las
relaciones sociales, económicas y eclesiales de los seres humanos en Latinoamérica, son una
dimensión objetiva de su propia existencia y de sus condicionamientos históricos, sociales y
religiosos. Su visión teológica de Dios sólo es posible en el marco universal y escatológico en
que se realiza la salvación en la historia de la humanidad. Iglesia es una y si dejamos sufriente
a alguien, no estamos construyendo Iglesia. No interesa si vivimos y estudiamos en una capital
desarrollada, sólo seremos uno si miramos la realidad desde el todo y ese todo, desde el
anuncio evangélico tiene su opción en los pobres, en los que sufren, en los perseguidos, en los
oprimidos.
En definitiva, del desarrollo del artículo que estamos analizando, surge para Müller que no
se concibe una teología fuera de la historia. Sólo desde el hombre anclado en su realidad (que
es global y por tanto única) puede pensarse a Dios. La historia ingresa en la teología, porque
la teología ingresó a la historia. Y lo hace a partir de la recuperación del principio epistémico
del Evangelio en donde el pobre, el sufriente, el oprimido, el rechazado, la víctima, se
transforma en un modo de lectura del Reino que no puede obviarse. Desde ese punto de
referencia, la Palabra, la gracia, la historia de la salvación, la escatología, son vistas y
recreadas con ojos que parecen nuevos, pero que no son más que los ojos que miraban en el
mensaje kerigmático de la primera Iglesia. Es la recuperación del mensaje del Reino que mira
a los hombres en su situación vital y trascendental.

Prof.Jorge Gerbaldo